La llegada de una nueva aeronave al Aero Club despertó algo más que curiosidad: generó entusiasmo, orgullo institucional y esa agitación íntima que solo provoca la posibilidad de despegar del suelo.AdsNo es para menos. La incorporación de un Cessna 172, una verdadera joya de la aviación mundial, marca un hito para la entidad y abre una puerta a nuevas experiencias para alumnos, pilotos y vecinos.Durante su presentación oficial, los directivos permitieron que invitados e integrantes de la Escuela participaran de vuelos de bautismo a bordo del avión de cuatro plazas. Bajo el comando del presidente del Aero Club, Eduardo Génova, despegaron varios de los presentes, entre ellos el enviado de La Opinión, para vivir una experiencia que transforma la percepción del paisaje.AdsAntes de iniciar el carreteo, Génova formula una pregunta sencilla pero reveladora:—¿Todo bien?AdsNo es una formalidad. Es la oportunidad de disipar temores a tiempo. Porque una vez que la aeronave acelera por la pista, ya no hay espacio para arrepentimientos: en segundos, el Cessna se desprende del suelo y comienza a ganar altura con firmeza.Desde el asiento trasero impacta el tablero plagado de relojes. Y el momento de despegar, no es abrupto. Es progresivo, casi elegante.En cuestión de instantes, los sembradíos que bordean la pista se encogen y las instalaciones del Aero Club adoptan la escala delicada de una maqueta. A 185 km/h de velocidad crucero, el vuelo es un placer: una sensación de suspensión, de un sonido prevalecido por el motor, de dominio sereno.Hasta que aparece lo inesperado: un pequeño pozo de aire sacude el fuselaje y también el estómago. Es apenas un instante, pero suficiente para recordar que el cielo también es un territorio con sus minucias. Luego vuelve la calma y comienza el verdadero disfrute: los campos extendidos como una alfombra verde, las pocas hectáreas de montes frutales que resisten al tiempo, la planta de Arcor perfectamente recortada, y una ciudad que, desde los 250 metros de altura, sorprende por su condición arbolada.AdsEl sobrevuelo del puerto anticipa una postal distinta al enfrentar la ribera. Allí el impacto es más emocional que estético. Duele mirar lo que fue la laguna, ahora cubierta por juncos y camalotes, con apenas “hilos de agua” marcando riachos internos. Está toda tapiada.Desde el aire, las secuelas de intervenciones humanas como el Canal Don Pablo resultan innegables. Un gran contrasentido: mientras la perspectiva aérea embellece, también devela una realidad.La Bajada de Chaves funciona como mojón natural para iniciar el regreso. El avión vira suavemente. Faltó el acompañamiento del sol, para iluminar la zona urbana con la luz tibia del atardecer. Las nubes impusieron su impronta.En ese momento, Génova cede el mando a uno de sus alumnos. El Cessna 172 cuenta con doble comando y es, precisamente por eso, una máquina escuela por excelencia.—Bajá la trompa…, un poco más…, reducí la velocidad…La voz del instructor no solo acompaña, también guía y corrige. El aprendizaje ocurre en tiempo real, y en pleno cielo, como debe ser.Y casi sin advertirlo, la pista vuelve a estar ahí, acercándose lentamente. El aterrizaje es limpio, preciso, sin sobresaltos. La satisfacción del instructor es evidente, aunque el alumno todavía tenga muchas horas por delante antes de volar en soledad.Ya en tierra, regresa la misma pregunta:—¿Todo bien?Esta vez, la respuesta llega acompañada de sonrisas, pulgares en alto y hasta un consejo práctico de uno de los tripulantes:—Si estás congestionado, no subas. El dolor de cabeza puede ser insoportable. Me pasó.Más allá de la anécdota, el hecho es contundente: el Cessna 172 no es un avión más. Es el modelo de entrenamiento más popular del mundo, fabricado desde 1956 en Estados Unidos, reconocido por su confiabilidad, nobleza de vuelo y versatilidad. Se han producido más de 44.000 unidades y contar con una de ellas no es sólo un logro material, sino también simbólico.Desde hace algunas semanas, el Aero Club de San Pedro forma parte de esa historia mundial. Y con ello, el deseo colectivo de mirar la ciudad desde arriba, de experimentar el cielo de primera mano y de entender, aunque sea por un rato, el apasionamiento que sienten quienes nacieron para volar. Puede interesarte

La llegada del avión Cessna 172: cómo es el vuelo de bautismo en el Aero Club | FM Avenida
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