
Un robo de importante magnitud sacudió a Gobernador Castro en plena noche festiva. Mientras la comunidad disfrutaba de la Fiesta del Durazno, delincuentes aprovecharon para ingresar a una vivienda ubicada apenas a una cuadra de la cancha de fútbol de Agricultores Club.
El hecho ocurrió en la casa de la familia Catini. Sus integrantes se habían ausentado por poco más de tres horas para participar de la celebración, sin imaginar que al regresa, se encontrarían con una escena devastadora: el interior completamente revuelto, muebles dañados y una sensación de violación que marcará esa noche para siempre.
Los ladrones ingresaron por la puerta trasera que da a la cocina, tras apagar las luces del patio, y se retiraron por la puerta principal con total impunidad. “Estoy media shockeada”, relató Silvina Larroque a La Opinión.
“Cuando volvimos de la Fiesta del Durazno, donde habíamos ido cinco personas con sillones, nos encontramos con la casa dada vuelta. No se podía pisar, era un desastre. Me rompieron muebles, no quedó nada en su lugar”, relató.
El botín se compuso de diversos elementos, pero el daño emocional resultó profundo. “De ropa solo se llevaron dos remeras de mi hijo, pero tocaron todo, ensuciaron mi cama y las de mis hijos. Tuvimos que desinfectar y esa noche dormimos en el garaje, que fue el único lugar donde no entraron”, contó la víctima.
Más allá de lo material, el dolor se profundizó por la pérdida de objetos cargados de recuerdos. “Lo que más me duele es lo afectivo. Mi mamá falleció y le había regalado cosas a mis hijos: una PlayStation con más de 30 juegos, una PSP, un anillo, aritos… recuerdos que no se recuperan”, expresó con angustia.
Los ladrones dieron vuelta toda la casa, excepto el garaje. Luego se retiraron por el frente de la vivienda.
La investigación intenta determinar si el hecho está vinculado con otro ilícito registrado esa misma noche. “Posiblemente se conecte con otro robo que hubo después del mío”, señaló Larroque.
Además recordó que al salir de su casa había notado la presencia de varios efectivos policiales en una panadería cercana.
También mencionó que la vivienda lindera se encuentra abandonada y con escasa iluminación, lo que pudo facilitar el ingreso, en una zona donde el constante movimiento de personas por la fiesta también ayudó a los malvivientes a pasar inadvertidos.
Docente y vecina muy conocida en la localidad, Silvina no ocultó su tristeza por el cambio que percibe en el pueblo. “En Castro me conocen todos. Trato de ayudar, de estar para los demás. Me duele mucho que pasen estas cosas. Antes era un pueblo tranquilo, hoy ya no es igual. Es una humillación tremenda que te violenten tu casa”, señaló.
Finalmente, dijo que le queda la impotencia “de ser violentados en tu propia casa, no tener intimidad”.
“Doy gracias a Dios no haber estado porque si me piden plata y no tengo, capaz que te matan”, indicó y sostuvo que los robos tienen como finalidad la compra de droga.
“Ya es terrible lo que estamos pasando en un pueblo donde reinaba la paz. Podían estar afuera las bicicletas, pero lamentablemente lo estamos perdiendo. Mucha gente de afuera ingresa, porque los de acá nos conocemos todos y sabemos quiénes somos”, asguró.
“Ahora nos maltratan y nos roban. Con lo que a uno le cuesta trabajar y hacerse de cosas en años, ellos en un minuto te lo arrancan, así como sucedió con nuestros recuerdos”, cuestionó.



