Marioka Shoten es una librería ubicada en una de las calles periféricas del animado barrio de Ginza en Tokio, que desde el 2015 expone un solo libro por semana en un espacio pequeño, que bien podría diluirse en el flujo de seres amontonados que habitan la cotidianidad de esa irrepetible ciudad donde hasta el exceso de neón no duele.Un leyenda susurrada en la vidriera, en letras blancas y sobrias, “ a single room with a single book”, una sola sala para un único libro, es una declaración de principios,el desafío de una cultura que aborrece lo superfluo, que ambiciona el silencio, en donde la belleza se esconde en la cotidianidad, en la tenaz y paciente repetición de un gesto simple. La apología del hombre común, donde el ritual de la caligrafía equivale al de la espada.En épocas de aturdimiento por sobre información, desbocados en la creación de contenidos que sirvan para tapar todos los espacios vacíos de la vida, manteniéndola alterada y alerta, hiperventilada y estimulada, aterrorizada por dejar espacios librados al azar y al aburrimiento, en este formato de vida donde los sueños y las necesidades se solucionan con un click, una librería con un solo libro es un hecho contracultural y revolucionario. Umberto Eco sostenía que la mejor exposición de arte es la que exhibe una sola obra, más, es ostentación y redundanciaHace treinta años que Japón vive en un estado de estancamiento económico, asegura la narrativa oficial occidental, esa que solo entiende de las abstracciones de la macroeconomía y que no se ensucia en la vida real. Tres décadas perdidas, sentencian los oráculos de Wall Street, una vez pasado el terror y los traumas que este país generó en los EEUU, desde Nixon hasta Reagan.Salvados por el estallido de la burbuja financiera e inmobiliaria en el país del Sol Levante, que le dio respiro a una nación que parecía destinada a sucumbir definitivamente ante la energía imparable de las empresas y la economía japonesa (¿se repite la historia con China?).Era 1989, el año de la caída del Muro y de la masacre de Tiananmén. Pero, si es verdad que hace treinta años que Japón está estancado ¿cómo se explica que siga siendo una de las cinco potencias económicas mundiales?Una vez que Occidente dejó de temerle como superpotencia económica, la ubicó en la periferia y se volvió adicto a su imaginario, a su cultura pop exportable y asimilable, desde el sushi a los animes y los emoji.Mientras en silencio, volando bajo el radar, reconvertía su matriz productiva, lentamente, evitando sufrimientos innecesarios a su población, para convertirse en una de las grandes potencias mundiales en innovación, tecnología, retail y manufactura.Japón es una forma de estar en el mundo, un país con memoria.Su renacer deja en evidencia que Wall Street no sabe leer y que sus parámetros, lejos de ser universales son tendenciosos y obsoletos; la apología del hombre ordinario. Adalides de esa expertocracia que atiborró y degradó nuestra civilización occidental atascándola y que ahora desesperada se aferra a esos parámetros, como un náufrago del Titanic a un salvavidas, sin darse cuenta que no se va a morir ahogado, sino congeladoPaolo Sorrentino , el brillante director de cine, ganador del Oscar a la mejor película extranjera con la Gran Belleza, dijo en alguna entrevista : estoy clamorosamente a favor de la lentitud. Además entiendo las cosas con notable atraso, lo que hace que cuando yo me intereso por algo, a los demás dejó de importarles, entonces lo que produzco se vuelve original (como el Sol Naciente).

El alivio de la periferia | FM Avenida
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