El “Proyecto Agenor”, una iniciativa impulsada por la arquitecta María Luz Méndez, lanzó una convocatoria abierta a patrocinadores con el objetivo de financiar una obra de mosaiquismo en homenaje a Agenor Almada, el nadador más emblemático de la historia de San Pedro.La intervención artística consiste en la creación e instalación de una placa conmemorativa que será emplazada en el paseo que lleva el nombre del deportista, ubicado en la zona costanera de la ciudad. Para concretar esta pieza, que busca perpetuar la figura del “Yacaré del Paraná”, la organización solicita el apoyo de aliados estratégicos que realicen un aporte de 50.000 pesos.Como reconocimiento, quienes colaboren con la iniciativa quedarán integrados al patrimonio cultural local, ya que sus nombres figurarán en una placa de agradecimiento que se descubrirá junto a la obra final. Los interesados en sumar su apoyo pueden contactarse con la arquitecta Méndez al teléfono 011 5654-6744.El “Yacaré del Paraná”: un gigante de las aguas argentinasLa obra homenajea a un hombre cuya vida estuvo ligada indisolublemente al río. Carlos Agenor Almada nació el 17 de septiembre de 1932 en el seno de una familia humilde del barrio “Las Canaletas”, primer puerto cerealero de San Pedro. Hijo de Don Máximo Pedro Almada —un reconocido práctico del río— y de Doña Sara Francisca Maggine, Agenor manifestó su talento de forma precoz: se inició como nadador velocista a los 9 años y apenas dos años después ya competía en pruebas de fondo de 5 kilómetros.Su ascenso fue meteórico. En 1946, con solo 13 años, fue finalista del Campeonato Provincial de Natación en La Plata, superando a competidores que promediaban los 25 años. Durante su juventud, unió a nado las localidades de Ramallo-San Pedro a los 16 años y Rosario-San Pedro a los 18 años, completando esta última travesía en 29 horas.Tras un retiro temporal por razones laborales, regresó a la disciplina una década más tarde para inscribir su nombre en la historia grande de la natación de aguas abiertasEl 2 de marzo de 1964, a los 31 años, logró el cruce del estuario en un tiempo récord de 19 horas y 10 minutos, prueba oficialmente fiscalizada por la Federación Argentina.Unió el trayecto Rosario-Buenos Aires en cuatro oportunidades, logrando en una de ellas un tiempo récord de 62 horas y 20 minutos, emulando la gesta de su referente, Pedro Candioti.Fue pionero en batir récords de permanencia en el agua nadando atado de pies y manos mediante la técnica de “patada delfín”, marca que alcanzó tras 61 horas y 15 minutos de esfuerzo.Su conocimiento lo llevó a preparar a figuras internacionales, como el campeón mundial egipcio Abu-Hai.Almada, quien se untaba el cuerpo con grasa de lanolina para resistir el frío en épocas donde no existía el neoprene, se convirtió en un símbolo de superación. “Yo no tenía frío acá”, solía decir señalándose la cabeza, “eso es lo que domina todo”. Su legado no solo reside en sus trofeos, sino en su labor social: enseñó a nadar gratis a casi todo el pueblo de San Pedro, convencido de que un ídolo no debía cobrarle a su gente por compartir su pasión.


