“Es bueno tener un destino al que dirigirse; pero al final, lo que importa es el viaje”, escribe la celebrada escritora estadounidense Ursula K. Le Guin. La frase propone reflexionar sobre una costumbre humana y arraigada: vivir pensando siempre en el futuro. Le Guin advierte que, si bien el futuro siempre marca el rumbo, no debería sustituir al presente. Una postura que la acerca a las fórmulas de “vivir el presente”, pero con mucho más sustento.La mayoría pasa buena parte de su vida organizando sus esfuerzos alrededor de un objetivo, como conseguir un mejor empleo, comprar una casa, terminar una carrera o llegar a determinada edad con estabilidad económica. En otras palabras, hay que recorrer el camino para llegar a una meta.Pero Le Guin plantea algo diferente. En su novela La mano izquierda de la oscuridad escribió: “Es bueno tener un final hacia el que viajar; pero es el viaje lo que importa, al final”. La propuesta parece bastante sencilla, pero el contexto revela su profundidad.En la novela, el protagonista atraviesa un territorio helado y hostil junto a Estraven, un personaje con quien ha construido una relación marcada por la incomprensión y la desconfianza. La travesía se convierte también en un viaje interior, porque ambos deben aprender a conocerse y confiar mutuamente.El problema, tal como ha comprobado la psicología, surge porque alcanzar una meta no siempre produce la transformación emocional esperada. Una investigación sobre la adaptación hedónica muestra que las personas tienden a acostumbrarse a muchos cambios positivos. Entonces, lo extraordinario puede convertirse en cotidiano después de un tiempo.Una investigación realizada por Teresa Amabile y Steven Kramer, quienes analizaron miles de registros diarios de trabajadores, reveló que una de las experiencias más importantes para una buena jornada era percibir que se había conseguido avanzar en algo significativo. Consideraron que ello demostraba que no solo importa llegar sino también sentir que se está avanzando, por supuesto, sin abandonar las metas.Quién fue Ursula K. Le GuinConocida por sus trabajos que revelaban una conciencia ecológica y feminista en el género de la ciencia ficción, Ursula K. Le Guin nació como Ursula Kroeber (1929-2018) en Berkeley, California, hija de los antropólogos, Alfred y Theodora Kroeber. Su padre era un experto en los nativos americanos y su madre escribió un libro aclamado, Ishi en dos mundos, sobre la vida y la muerte del “último indígena” de California.Siendo muy joven, Ursula se sumergió en los libros sobre mitología y en la adolescencia perdió el interés en ellos porque, dijo, “parecían tratarse todos de armamento y soldados: hombres blancos que salen y conquistan el mundo”. A principios de los años 60 había escrito cinco novelas, todas inéditas y situadas en un país imaginario de Europa Central (Orsinia). Entonces, decidió volcarse a la ciencia ficción.Su primera novela en este género fue El mundo de Roccanon (1966). Dos años después llegaría Un mago de Terramar, con influencias de El señor de los anillos, de Tolkien y elementos propios. Le Guin mezclaba brujería y dragones, naves espaciales y conflictos planetarios. Pero incluso cuando sus protagonistas son hombres, evitan la postura machista de tantos héroes. Los conflictos suelen estar arraigados en un choque de culturas más que en batallas espaciales.La mano izquierda de la oscuridad (1969) es una muestra de la originalidad de su obra. La historia transcurre en un planeta en el que los seres humanos no tienen un género fijo (uno era el macho o la hembra de acuerdo con el vínculo que entablaba con su compañero). “Eliminé el género, a ver qué quedaba”, dijo en una entrevista.

Cita del día, de la escritora Ursula K. Le Guin: “Es bueno tener un destino al que dirigirse; pero al final, lo que importa es el viaje” | FM Avenida
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