A 32 años de aquel mediodía que quedó tatuado en la memoria del automovilismo argentino, el nombre de Osvaldo “Pato” Morresi vuelve a pronunciarse como cada 27 de marzo.AdsEn 1994, en La Plata, el destino se volvió tragedia sobre el asfalto. Dos días más tarde, el dolor se hizo aún más profundo con la muerte de su acompañante, Jorge Marceca.Morresi había construido su historia a pura velocidad y coraje, primero siendo campeón argentino de Turismo Nacional Clase B, y durante algo más de una década en el Turismo Carretera, la categoría emblemática del automovilismo nacional donde debutó el 8 de abril de 1984, en el Autódromo de Buenos Aires.AdsOcho victorias marcaron su camino, con un primer grito inolvidable el 4 de mayo de 1986 en Tandil, donde comenzó a forjar su leyenda.Fiel a Chevrolet, encontró el respaldo necesario para llegar Omar Wilke y Jorge Pedersoli, los preparadores que todo piloto soñaba por entonces. Pero su historia no solo se escribió en los podios, sino también en ese automovilismo de rutas abiertas, con el público masivo que se convertía en el telón de fondo, donde el olor a asado y el humo formaban parte del ritual.Su muerte, como antes la de Roberto Mouras, marcó un antes y un después. Una mancha de aceite, un despiste y el impacto contra un talud de tierra desataron la tragedia. AdsFue el golpe definitivo a una época: la de los circuitos semipermanentes, la de las rutas como escenario, la de un folklore que denotaba una pasión. A partir de allí, la reflexión se volvió inevitable y el camino condujo, con los años, a la seguridad de los autódromos.El relato de Juan Manuel Landa, recogido por el programa Posición 1, bajo la conducción de Diego Zorrero y Mauro Feito, resume el instante más desgarrador: no hubo palabras, solo la imagen del hijo del “Pato”, Juan Manuel Morresi, saliendo del hospital tras la peor noticia. Fue determinante para que el marplatense que, supo pelear un campeonato, decidiera abandonar el automovilismo.Pero sí hay una escena que el tiempo no podrá borrar. Es la despedida. San Pedro se detuvo. Las calles se poblaron de silencio y respeto. Nunca antes —y quizás nunca después— se vio un cortejo semejante hacia el cementerio local. Fue el pueblo entero, sin excepciones, el que salió a acompañarlo en su última vuelta.Ads Puede interesarte

A 32 años de la tragedia de La Plata: el recuerdo imborrable de Osvaldo Pato Morresi | FM Avenida
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