Las abejas no solo vuelan y polinizan: administran. Son, literalmente, ingenieras del clima. Una colonia saludable puede mantener la temperatura interna del nido en un rango estrecho, como si tuviera un aire acondicionado biológico.Por eso, cuando una investigación sugiere que el calor extremo está rompiendo ese “sistema de enfriamiento”, no es una curiosidad: es una advertencia. Porque si el nido no puede sostener su temperatura, se afecta el desarrollo de nuevas abejas y la supervivencia de las adultas.Lo inquietante es que el problema no aparece solo cuando el promedio se sale de rango. Puede ocurrir incluso si, en general, el nido “parece” estar bien. El enemigo es el vaivén: picos y caídas diarias que exponen a las crías a horas fuera del rango óptimo.Y ahí está el hallazgo más duro: no todas las colonias sufren igual. Las más pequeñas, justo las más vulnerables, son las que se desestabilizan con mayor facilidad.El estudio, publicado en Ecological and Evolutionary Physiology(2025) por investigadores de la Universidad de Chicago, se realizó durante un verano particularmente caluroso en la región y monitoreó nueve colonias de abejas melíferas durante tres meses con temperaturas que superaron con frecuencia los 40 °C.El objetivo fue medir los límites de la termorregulación: hasta qué punto una colonia puede mantener estable la temperatura del área de cría cuando el ambiente exterior se vuelve extremo.Los resultados mostraron una paradoja. En promedio, las colonias lograron sostener la temperatura de cría en el rango considerado óptimo (aproximadamente 34-36 °C), necesario para el desarrollo saludable.Sin embargo, aun con ese “promedio correcto”, se registraron fluctuaciones diarias significativas. En el centro del área de cría, las abejas en desarrollo pasaron alrededor de 1,7 horas por día por debajo del rango óptimo y 1,6 horas por encima. En los bordes del área de cría, la exposición fue mucho mayor: casi 8 horas diarias fuera del rango.Esa inestabilidad tuvo consecuencias medibles. A mayor temperatura máxima del aire y mayores fluctuaciones dentro de la colmena, se observaron descensos de población. La explicación propuesta es doble: por un lado, la cría sufre cuando el “incubador” natural no se mantiene constante; por el otro, las abejas adultas pueden acortar su vida útil si quedan expuestas a temperaturas demasiado altas o si gastan energía excesiva para enfriar el nido.Otro hallazgo clave fue el rol del tamaño de la colonia. Las colonias grandes amortiguaron mejor los cambios: mantuvieron temperaturas internas más estables. Las pequeñas, en cambio, mostraron picos mucho más pronunciados. En los bordes externos del área de cría, las colmenas más chicas llegaron a registrar oscilaciones diarias de hasta 11 °C, frente a cerca de 6 °C en las más grandes. En otras palabras, cuanto menos “mano de obra” y menos masa térmica tiene una colonia, menos puede defender su clima interno.El estudio también advierte que el problema podría agravarse por factores que acompañan al calor, como la humedad elevada, que reduce la efectividad del enfriamiento evaporativo, uno de los mecanismos principales que usan las abejas. Y plantea implicancias prácticas para apicultores y agricultura: desde proveer agua suplementaria y sombra, hasta mejorar materiales e infraestructura de colmenas, además de asegurar forraje de calidad para sostener colonias fuertes.En síntesis, el calor extremo puede quebrar un equilibrio térmico que parecía casi perfecto. Y cuando el termostato biológico falla, falla también una parte esencial del sistema de polinización del que depende la alimentación humana.

Alerta científica: el asombroso hallazgo sobre por qué las abejas colapsan en el calor de Arizona | FM Avenida
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