Tres meses pasaron de aquella explosión que cambió todo, la historia de Noah empieza a escribirse con otra luz. El hecho que ocurrió el 28 de agosto cuando un aerosol explotó en un zanjón provocándole lesiones de gravedad al niño que, en aquel entonces tenía siete años.Tras meses de tratamientos continuos en el Hospital Garrahan, Noah comenzó a respirar por sus propios medios, lo que provocó que su recuperación avanzara. El zanjón, el estallido, el traslado urgente y el miedo quedaron atrás, aunque siguen vivos en la memoria de su familia. Hoy, el nene de ocho años volvió a su casa después de atravesar uno de los desafíos más duros que puede enfrentar un cuerpo tan pequeño. Quemaduras que afectaron el 60 por ciento de su piel, veinte días en coma inducido, cirugías, injertos y una lucha silenciosa en una cama del Hospital Garrahan.El regreso fue una mezcla de alivio y emoción contenida. Noah quería volver, necesitaba volver. Apenas llegó, se reencontró con sus hermanos y convirtió la madrugada en un juego interminable, como si quisiera recuperar de golpe el tiempo que estuvo lejos. No quería dormirse, no quería frenar. Quería vivir. Su mamá, Irma, lo miraba con una sonrisa que todavía tiene rastros de cansancio y lágrimas acumuladas. “Verlo así es increíble”, dijo, como si aún le costara creerlo.El camino no fue fácil. Las primeras horas después del accidente fueron eternas. La incertidumbre, el dolor y la distancia con sus otros hijos marcaron los días más oscuros. El Hospital Garrahan fue, durante semanas, su segundo hogar. Médicos, enfermeros, psicólogas y asistentes sociales acompañaron cada paso, no solo al niño, sino también a su familia. Ese sostén fue clave para atravesar el proceso y empezar a imaginar un después.Hoy, ese “después” empieza a tomar forma. A su ritmo, Noah va retomando la rutina. Algunas horas, algunos juegos, pequeños avances que son enormes conquistas.

Así fue 2025: el milagro de Noah y la fuerza de volver a casa | FM Avenida
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