Ángela mostró junto a su pareja un video que no es uno más: es la imagen del comienzo del final de una historia larga y dolorosa, que después de casi tres décadas empieza a ofrecerle a su familia algo parecido a una instancia de superación. AdsFrente a ellos, los cimientos de su futura casa: son líneas de cemento dibujadas sobre la tierra, pero simbólicas como si fuese el premio a la persistencia ante las frustraciones vividas.Durante 27 años, la ilusión de la casa propia fue creciendo al mismo tiempo que se acumulaban los golpes. Situaciones ajenas a su voluntad fueron marcando el camino con episodios de engaños, estafas, malversación de fondos y promesas incumplidas que terminaron erosionando no solo proyectos, sino también confianza.AdsÁngela es una de las integrantes de la Cooperativa de Viviendas y Consumo Nuestro Sueño, ubicada en los tramos finales de calle Independencia. Como ocurre en muchos espacios de este tipo, el objetivo inicial fue noble y lógico: organizarse entre vecinos para facilitar el acceso a la vivienda propia, apostando a la cooperación y al esfuerzo colectivo como base de un proyecto común.La Cooperativa planificó la construcción de un barrio de 89 viviendas, financiadas a través de un programa nacional. Los terrenos fueron adquiridos por los propios socios o cedidos al Estado para viabilizar la iniciativa. Incluso, una de las primeras casas llegó a construirse y entregada a uno de los matrimonios fundadores, gesto que buscó reforzar la credibilidad del proyecto.AdsPero el impulso duró poco. Las obras se paralizaron y jamás volvieron a retomarse. La empresa adjudicataria, perteneciente al Grupo Alfa, estuvo vinculada a otros emprendimientos similares que también quedaron inconclusos. Según consta, habría facturado alrededor de 2.000 millones de pesos por trabajos en San Pedro que nunca se concretaron.Con el paso del tiempo, en reuniones sucesivas, los socios resolvieron continuar por su cuenta, finalizando cada vivienda de manera individual, sin resignar del todo la esperanza de que la situación general pudiera ordenarse. Sin embargo, el proyecto colectivo nunca volvió a ponerse en marcha.Quienes pudieron, siguieron adelante con lo que tenían a mano. En el caso de Ángela, eso implicó vender su camioneta para comprar materiales y dar un paso más hacia el sueño postergado.AdsHoy, con esfuerzo propio y sin atajos, la construcción muestra sus primeros vestigios. Quedan atrás la frustración de la vivienda usurpada en el barrio San Francisco, y luego el calvario vivido en Nuestro Sueño, como ella misma relató en su momento a Lilí Berardi (a quien le agradeció haber evitado una segunda estafa) en el programa Sin Galera.También quedaron en el camino las promesas de abogados que aseguraron poder recuperar el dinero, entre ellos uno que nunca devolvió siquiera el expediente que decía estar “en manos de la Justicia”.Esta vez, a pulmón y sin falsas expectativas, el proyecto parece encaminarse. Y aunque los cimientos todavía son modestos, sostienen algo mucho más profundo: la dignidad de no haberse rendido.Puede interesarte

Después de 27 años de frustraciones, Ángela mostró los cimientos de la esperanza | FM Avenida
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