Un hombre de nacionalidad brasileña y otro con domicilio en Lomas de Zamora fueron detenidos el jueves por la madrugada en ruta 1001, cuando ingresaban a San Pedro con un kilo de cocaína escondido bajo la consola de un Toyota Corolla blanco.
El brasileño no era un desconocido para la ciudad: identificado como Rafael Rodrigues, está radicado en San Pedro desde que llegó al país para trabajar en las empresas de su padre de crianza, José Luiz Lima Ricardo, uno de los dueños de Coplac.
Rodrigues llegó a la Argentina primero para ocupar un cargo en la planta que esa empresa de capitales brasileños tenía en la provincia de Córdoba.
Luego fue derivado a San Pedro, donde era gerente de ventas y tenía a su cargo todas las negociaciones con las terminales automotrices a las que Coplac les comercializaba las alfombras que fabricaban en la planta local.
En esa fábrica, Rafael Rodrigues se enamoró de una empleada. Correspondido, formó pareja y hasta tuvo una hija. Con esa mujer convivía cuando un auditor que Coplac envió de Brasil informó a los dueños que había que detectado el presunto desvío de fuertes sumas de dinero de la empresa.
Eso fue un tiempo antes de que Coplac decidiera despedir a todo su personal y cerrar su fábrica en San Pedro en medio de la crisis económica de 2018. El presunto faltante de dinero estaría relacionado con problemas de adicciones a las drogas. Fue desvinculado, pero siguió en San Pedro, con su familia.
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Rodrigues ya había tenido conflictos con algunos personajes locales vinculados al submundo de la comercialización de estupefacientes, de esos que tienen negocios irregulares a la vista de todos, en espacios públicos tomados y con conexiones clandestinas a la electricidad que constantemente vuelve a enganchar cuando Coopser lo desconecta.
En ese momento, profesionales allegados a Coplac y exintegrantes de las fuerzas de seguridad intercedieron por él. Había tenido amenazas de muerte e intentos de agresión.
Luego, recompuso la relación con sus acreedores y no falta quienes dicen que hasta habría trabajado para ellos en actividades vinculadas a la que ahora lo mantienen detenido.
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A esas actividades ilegales habría comenzado a dedicarse tras dejar de trabajar con la familia de su ahora expareja. Ya separado, vivió en la zona del barrio 1° de Mayo y últimamente en el Futuro. Se lo veía como remisero, una tarea que no habría sido otra cosa que una pantalla para otras cosas.
De los años de Coplac muchos lo recuerdan porque le gustaba jugar al fútbol e ir a la cancha. Incluso invitaba gente a que lo acompañe a un palco para ir a ver a Boca. Solía participar en los torneos internos del club de Pescadores.
También le gustaba pescar. En esas incursiones en la isla habría comenzado su relación con las drogas, invitado por empleados de la fábrica que aprovechaban que el jefe “pagaba todo“, lo que incluiría esos otros vicios.
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En las investigaciones relacionadas con el ingreso de drogas a San Pedro para entregar en búnkeres donde se preparan las dosis que son vendidas al menudeo lo tendrían señalado por sus constantes viajes a Lomas de Zamora, distrito del sur del conurbano de donde es oriundo el otro detenido.
“Era un pibe sano, normal. Pero el tema de las adicciones lo cambió, ahora estaba muy flaco, deteriorado”, aseguran quienes lo conocieron desde que llegó a San Pedro. “Le gustaban los autos, la velocidad”, contaron.
El Toyota Corolla blanco en el que fue detenido el jueves por la madrugada circulaba a altísima velocidad por ruta 1001 y no paró cuando los efectivos de la división Drogas Ilícitas de la policía intentó interceptarlo.
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Para detener a sus ocupantes, hubo una persecución. Tras obtener el ladrillo de un kilo de cocaína de máxima pureza que llevaban escondido en el auto, hubo un allanamiento en Manuel Iglesias y Fray Cayetano Rodríguez, donde secuestraron una bolsa con 5 millones de pesos presuntamente destinados a pagar esa droga.
La causa tramita en la órbita de la Fiscalía n.° 1 de San Nicolás, que conduce Verónica Marcantonio, especializada en cuestiones relacionadas con la comercialización de estupefacientes en el departamento judicial al que pertenece San Pedro.
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