Las imágenes sorprendieron incluso a los propios floridanos: iguanas verdes cayendo de los árboles como si fueran hojas secas, inmóviles sobre veredas, jardines y muelles. El fenómeno no fue producto de una enfermedad ni de un envenenamiento, sino de una inusual ola de frío que afectó al sur de Florida a comienzos de febrero. Con temperaturas cercanas o por debajo del punto de congelación, estos reptiles -típicamente asociados al clima tropical- entraron en un estado de letargo conocido como torpor, que los deja temporalmente paralizados.Ante ese escenario, la Comisión de Conservación de Pesca y Vida Silvestre de Florida (FWC, por sus siglas en inglés) tomó una decisión excepcional: habilitó de manera temporal a los ciudadanos a capturar iguanas verdes vivas que estuvieran aturdidas por el frío y a trasladarlas sin permiso especial. La medida se formalizó el 30 de enero mediante la Orden Ejecutiva 26-03 y estuvo vigente durante dos días clave, el 1 y 2 de febrero.El resultado fue contundente. Según datos oficiales de la FWC, durante ese breve período se retiraron de los ecosistemas de Florida 5.195 iguanas verdes. Muchas de ellas fueron llevadas a oficinas designadas de la agencia, donde personal capacitado les practicó eutanasia “de forma humanitaria”. En otros casos, algunos ejemplares fueron derivados a comerciantes autorizados que los vendieron fuera del estado, ya que la especie está prohibida en Florida.¿Por qué una respuesta tan drástica? La explicación está en el estatus de la iguana verde dentro del estado. Aunque para muchos resultan animales llamativos e inofensivos, las autoridades las consideran una especie invasora con impactos negativos en la fauna nativa, la infraestructura y la salud pública. Originarias de América Central y del Sur, las iguanas se expandieron en Florida durante décadas gracias al comercio de mascotas y a un clima favorable.VideoLa ola de frío provocó que las iguanas se congelaran en Florida: un hombre capturó cientos para consumoUno de los principales problemas es el daño que provocan al excavar madrigueras. Estas cuevas pueden erosionar aceras, cimientos, malecones y riberas, generando costos de reparación elevados tanto para particulares como para gobiernos locales. Además, se alimentan de vegetación ornamental y cultivos, afectando jardines residenciales y espacios comerciales.El riesgo no es solo material. Las iguanas verdes suelen dejar excrementos en muelles, embarcaciones, terrazas, piscinas y porches. A través de esos desechos pueden transmitir Salmonella, una bacteria que causa infecciones gastrointestinales en humanos, especialmente peligrosas para niños pequeños, adultos mayores y personas con sistemas inmunológicos debilitados.La ola de frío ofreció, según la FWC, una oportunidad excepcional para reducir la población de estos reptiles. Cuando las temperaturas bajan bruscamente, las iguanas pierden el control muscular y quedan inmóviles, lo que facilita su captura. Sin embargo, las autoridades advirtieron que ese estado es reversible: una vez que el animal recupera el calor, puede reaccionar de forma defensiva, morder o arañar.Por ese motivo, la FWC fue clara en sus recomendaciones: nunca llevar una iguana congelada a una casa o edificio para “rescatarla”. Solo se permitió el transporte directo a oficinas oficiales durante los días habilitados, y siempre con medidas de seguridad como guantes, ropa de manga larga y bolsas de tela ventiladas rotuladas como “reptiles prohibidos”.La respuesta ciudadana fue tan masiva que, pocos días después, la propia agencia pidió públicamente que dejaran de llevar más iguanas. En algunas oficinas llegaron a recibir más de 2.000 ejemplares, superando su capacidad operativa. “Ya no aceptamos iguanas verdes”, comunicó la FWC en redes sociales, aclarando que fuera del operativo especial los residentes solo pueden sacrificarlas de forma humanitaria en su propiedad o con permiso del dueño del terreno.El episodio también generó controversia. Mientras muchos apoyaron la medida como una forma de proteger el ecosistema local, otros expresaron su rechazo en redes sociales, señalando que las iguanas son animales “hermosos” y cuestionando la facilidad con la que se habilitó su eliminación. El debate refleja una tensión habitual en la gestión ambiental: cómo controlar especies invasoras sin perder de vista consideraciones éticas y de bienestar animal.Más allá de la polémica, el mensaje de las autoridades es claro. Las iguanas verdes no deben ser alimentadas ni directa ni indirectamente, y los residentes pueden aplicar métodos disuasorios para alejarlas, como eliminar plantas que las atraigan, tapar madrigueras, usar objetos reflectantes o ruidos intermitentes y proteger jardines con jaulas o redes.

El triste destino de las iguanas “congeladas” en Miami: qué harán con ellas | FM Avenida
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