La escena parece salida de un experimento infantil: vasos, una “fiesta de jugo” inventada y una consigna simple. Pero el protagonista no era un niño, sino Kanzi, un bonobo célebre por su capacidad de comprender instrucciones humanas. Y el resultado desconcertó incluso a quienes diseñaron la prueba: el animal actuó como si pudiera seguir una situación imaginaria, sin que nada existiera realmente.Durante décadas, la imaginación y el “pretend play” (juego de simulación) se consideraron marcas distintivas de la infancia humana. Había anécdotas sobre grandes simios haciendo gestos simbólicos, pero faltaba evidencia experimental controlada que descartara la simple imitación. Ahí entra el nuevo trabajo: medir si un simio puede representar algo que no está presente.El estudio fue realizado por investigadores de Johns Hopkins y publicado en Science, y se apoyó en una idea básica: si se le dice a Kanzi que un vaso “tiene jugo” (aunque esté vacío) y luego se le pregunta cuál es el vaso correcto, ¿puede rastrear esa ficción? En varias pruebas, eligió el vaso “imaginario” por encima de lo esperable por azar.Los autores sumaron controles para evitar trampas: también hicieron pruebas con jugo real y otras con “uvas imaginarias”, buscando comprobar que el bonobo distinguiera entre lo real y lo ficticio, y no respondiera por pistas involuntarias. Los resultados sostienen que Kanzi discriminó y siguió la lógica de la simulación en más de un tipo de tarea.La noticia tiene un matiz crucial: Kanzi no es un bonobo “promedio”. Fue criado en un entorno humano, expuesto a comunicación simbólica y a tareas cognitivas durante años. Eso abre una discusión inevitable: ¿esto refleja una capacidad latente de los grandes simios o una habilidad potenciada por un ambiente excepcional? El propio debate científico lo subraya: hay entusiasmo, pero también cautela.Aun así, el aporte es fuerte porque cambia el tipo de evidencia disponible. La afirmación ya no depende de historias sueltas, sino de una batería de pruebas donde el animal debía “mantener” en mente un escenario inventado, como hacen los niños cuando juegan a que una taza vacía tiene té. Esa capacidad, si se confirma en más individuos y especies, empujaría hacia atrás el origen evolutivo de la imaginación simbólica: podría ser anterior a la separación entre humanos y bonobos, hace millones de años.La comunidad científica ya marcó el próximo paso: replicar con otros grandes simios y diseñar pruebas que no dependan de un entrenamiento tan singular. El objetivo es separar dos cosas: En el fondo, el hallazgo no dice “los simios imaginan como nosotros” en el sentido pleno. Dice algo más fino: que, al menos en condiciones controladas, un gran simio puede comportarse como si entendiera una ficción compartida. Y esa pequeña grieta en una frontera que parecía exclusiva de la humanidad abre una pregunta enorme: si la imaginación tiene raíces más profundas, ¿qué otras capacidades humanas se apoyan en cimientos que no son tan únicos como creíamos?

Los investigadores no lo pueden creer: los simios también son capaces de imaginar y simular como los humanos | FM Avenida
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