Mucha gente define a la felicidad como una meta a la que se llega cuando todo encaja: estabilidad, logros cumplidos, vínculos ordenados y un presente sin sobresaltos. Claro que esta imagen ideal rara vez coincide con la experiencia real, bastante alejada de lo que solemos ver en las redes sociales.En la realidad es mucho más frecuente que, aun después de alcanzar logros importantes, en lo personal y profesional, aparezca una sensación de insatisfacción. Un desajuste entre expectativas y vivencia concreta que suele abrir interrogantes incómodos sobre qué es lo que falta.El psicólogo italiano Massimo Recalcati, director del Instituto de Investigación en Psicoanálisis Aplicado, especializado en psicopatología del comportamiento alimentario, también es autor de varios libros. Su concepto de felicidad difiere del anterior: “Un hombre feliz no es el que lo tiene todo, sino el que sabe desear lo que importa. La dicha en esta tierra es cuando amamos lo que tenemos”, dijo Recalcati al sitio Ascuolaoggi.La idea central que plantea el psicoanalista italiano parte de una observación concreta. Si una persona cree haberlo conseguido todo, el deseo pierde lugar y la experiencia cotidiana se vuelve más plana, incluso si no hay carencias visibles. Desde este punto de vista, el deseo no aparece como un problema a eliminar, sino como aquello que orienta elecciones, sostiene proyectos y da dirección a la vida.La felicidad, para el psicólogo, no se apoya en la acumulación de bienes, logros o seguridades, sino en la capacidad de reconocer qué cosas valen lo suficiente como para seguir siendo deseadas, aun sabiendo que no todo será completo ni permanente.Entonces, no es feliz quien lo tiene todo, sino quien logra mantener una relación viva con aquello que considera significativo, sin intentar cerrar todas las faltas como si fueran errores. En la vida diaria, el deseo se manifiesta en acciones simples, como esperar algo con interés, comprometerse con una tarea o proyectar un cambio posible.Cuando todo parece resuelto y definitivo, esa dinámica se apaga. La rutina se impone, el tiempo se vuelve repetitivo y la sensación de avance desaparece, aunque las condiciones externas sigan siendo favorables. Para Recalcati, la felicidad ligada al deseo no implica vivir en permanente insatisfacción, sino aceptar que siempre habrá algo en movimiento, algo que empuje a seguir eligiendo y construyendo.Desde esta perspectiva, la frustración moderada no anula la felicidad, sino que forma parte de una experiencia más realista, en la que desear sigue siendo posible sin exigir completitud. Confundir felicidad con un bienestar constante genera una presión difícil de sostener y termina produciendo frustración.

Massimo Recalcati, psicoanalista: “Un hombre feliz no es el que lo tiene todo, sino el que sabe desear lo que importa” | FM Avenida
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