
El martes por la tarde, mientras recorría el campo en medio de la sequía, una viverista no pudo evitar la angustia al ver el estado de la producción.
A la falta de agua y al esfuerzo constante por sostener el trabajo diario, se sumó una situación inesperada, el robo de formios.
El hecho ocurrió el lunes en el predio ubicado en el callejón Debock, pero los responsables del establecimiento lo notaron al día siguiente.
“Nos encontramos con un bolsón y con el espacio vacío donde faltaban las plantas”, relató la mujer a La Opinión.
Explicó, que quienes se las llevaron actuaron “por maldad”, ya que las arrancaron pese a que la tierra estaba tan seca, que casi no permitía sacar la raíz.
Así encontraron las plantaciones arrancadas.
“Tal vez se asustaron o se dieron cuenta de que no les servía, porque la dejaron tirada”, señaló, molesta por lo ocurrido.
Ahora, además de la preocupación por la sequía, se suma el temor de que el hecho se repita.
“Nuestro miedo es que vuelvan”, confesó. Aunque el predio cuenta con cámaras de seguridad, por lo que buscan identificar a los responsables.
“Nunca imaginé que iban a robar algo que se estaba secando”, concluyó, reflejando el dolor de quien, además de enfrentar un escenario climático adverso, debe lidiar con la inseguridad rural.



