La justicia de Virginia dictó una sentencia ejemplar este viernes 13 de febrero contra Juliana Peres Magalhães, la joven brasileña que se convirtió en el centro de un escandaloso doble crimen. A pesar de haber cooperado con la fiscalía como testigo estrella contra su examante, el agente del IRS Brendan Banfield, la Jueza Penney Azcarate rechazó la petición de libertad por tiempo cumplido y le impuso la pena máxima de 10 años de prisión por homicidio involuntario. La magistrada calificó el caso como el escenario de negligencia y frialdad más grave que haya pasado por su corte, asegurando que las acciones de la mujer demostraron un “profundo desprecio por la vida humana”.La historia de Juliana en Estados Unidos comenzó con la promesa de una vida mejor a través del programa de au pair, el cual la llevó a integrarse al hogar de los Banfield en Virginia para cuidar a la hija de 4 años del matrimonio. Sin embargo, su rol como niñera se desvirtuó rápidamente al iniciar un romance prohibido con Brendan, el dueño de casa. Lo que empezó como una infidelidad doméstica escaló en pocos meses hacia un retorcido complot de asesinato, donde la joven de entonces 22 años terminó por abandonar sus valores para ayudar a planear la ejecución de la esposa de su amante, Christine, y de un desconocido, Joseph Ryan.Juliana Peres Magalhães, además de espectadora del horror, también fue una pieza activa en el plan. Según su propio testimonio, ella y Banfield crearon un perfil falso en un sitio de fetiches sexuales utilizando la identidad de Christine Banfield. Bajo este engaño de “catfishing”, atrajeron a Joseph Ryan a la casa familiar con la promesa de participar en una fantasía sexual violenta. El objetivo real era asesinarlo para simular que Banfield lo había matado en defensa propia mientras Ryan atacaba a su esposa, a quien también planeaban ejecutar en medio del caos para heredar sus bienes y vivir juntos.El 24 de febrero de 2023, la trampa se cerró de forma sangrienta. Mientras la niña que Juliana debía cuidar permanecía en el sótano, la au pair confesó haber disparado el tiro de gracia contra Ryan después de que su amante ya lo hubiera herido. Simultáneamente, Brendan Banfield apuñalaba mortalmente a su esposa en el cuello. Durante ocho meses, ambos sostuvieron la mentira ante la policía y los medios, presentándose como víctimas de un intruso violento, hasta que la actividad digital y las pruebas del romance los acorralaron definitivamente.A pesar de que Juliana cooperó para asegurar la condena de Banfield -quien ahora enfrenta cadena perpetua-, la jueza fue implacable durante la lectura de la sentencia. “Tus acciones fueron deliberadas, egoístas y demostraron un desprecio absoluto por la vida”, señaló Azcarate. La defensa intentó argumentar que la confesión de la brasileña fue clave para que las familias supieran la verdad, pero la corte determinó que Juliana tuvo múltiples oportunidades para detener el plan antes de que se derramara sangre.The judge sentenced former au pair Juliana Peres Magalhaes to 10 years in prison for the manslaughter of Joseph Ryan as part of an elaborate double murder plot with her now-convicted employer and former lover, Brendan Banfield: pic.twitter.com/ExgJsuFM0T— WUSA9 (@wusa9) February 13, 2026
La joven, ahora de 25 años, escuchó su condena entre sollozos, habiendo admitido minutos antes que se “perdió a sí misma” en la relación con Banfield. La sentencia de 10 años marca el final de su camino hacia la libertad inmediata que tanto anhelaba su defensa, obligándola a enfrentar una década tras las rejas por su complicidad en una de las tramas criminales más sórdidas de la historia reciente de Fairfax.El juicio cerró con el testimonio de la familia de Joseph Ryan, que describió el vacío irreparable dejado por el crimen. Su madre, Deirdre Fisher, relató con dolor que no ha podido desarmar el árbol de Navidad desde el asesinato, ya que su hijo nació dos días antes de esa fecha. Las cenizas de Ryan descansan hoy frente a las luces de ese árbol, un recordatorio constante de una vida que Juliana y su amante consideraron “desechable” para cumplir sus propios deseos. Joseph, un hombre que cuidaba de su abuela y amaba a los animales, fue el peón utilizado y descartado en un juego mortal que hoy tiene a sus dos responsables tras las rejas.


