La intervención de Estados Unidos en Venezuela, que resultó en la captura de Nicolás Maduro generó escenas de algarabía entre los residentes de aquel país en la Argentina, incluyendo a quienes viven en San Pedro. AdsLas celebraciones, sin embargo, no logran borrar una sensación persistente: el miedo sigue latente.La mayoría de los venezolanos en el exilio mantienen familiares en su país de origen y, por ese motivo, la prudencia atraviesa incluso las conversaciones cotidianas. AdsHablar, opinar o comunicarse con sus seres queridos continúa siendo un acto medido, cargado de cautela.En la búsqueda de testimonios que reflejen ese contraste entre alivio y temor, este medio dialogó con Ricardo, uno de los más de ocho millones de venezolanos que abandonaron el país durante los años del chavismo. Fue el único que se animó a contar su experiencia y las expectativas que le genera la intervención estadounidense.AdsEn diálogo con el programa Lo que importa, que se emite por el canal de YouTube de Sin Galera, describió el impacto inmediato de una noticia que repercutió en el mundo: “La sensación fue de asombro. Ni nosotros lo creemos. Lo que se vio el fin de semana en el Obelisco fue una emoción y un alivio muy grande”.No obstante, Ricardo aclaró que el momento histórico no alcanza por sí solo. “Esto es apenas una parte de un rompecabezas mucho más grande. Falta mucho por resolver”, sostuvo, al recordar años de represión, encarcelamientos, presos políticos y la imposibilidad de expresarse libremente. “Era vivir maniatados en nuestro propio país”, resumió.El joven calificó al régimen como una “democracia fallida” y cuestionó la legitimidad del presidente, señalando irregularidades en las últimas elecciones. “Esperemos que haya un cambio verdaderamente democrático, para que quienes quedaron allá puedan vivir tranquilos, en paz, sin miedo a represalias por opinar”, expresó.AdsEl temor persiste. “Por un simple estado de WhatsApp pueden tumbarte la puerta y hacerte desaparecer. Existe el riesgo permanente de amedrentamiento o persecución”, advirtió.Ricardo tiene 31 años y gran parte de su familia —padres y hermanas— continúa en Venezuela. La comunicación con ellos, contó, se da bajo códigos. “Hablamos con un lenguaje cifrado, con miedo a que les quiten el celular”, relató. La necesidad de saber cómo están forma parte del peligro.Sobre un eventual regreso, fue claro: por ahora no está en sus planes. “Tengo proyectos en la Argentina. Primero el país tiene que ser seguro. Tal vez pueda visitar a mi familia, pero volver definitivamente, por el momento, no”, concluyó. Puede interesarte

Ricardo y la caída de Maduro: la mirada de un venezolano radicado en San Pedro tras la intervención de Estados Unidos | FM Avenida
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