Minutos antes de las ocho de la mañana del domingo 6 de febrero de 1972, la población de Río Tala se despertó sobresaltada. AdsUnos metros más adelante del paso a nivel del Ferrocarril General Mitre, sobre la calle Juan de Garay, el tren “Serranoche”, procedente de Córdoba con destino a Buenos Aires y tirado por dos locomotoras, descarriló.El “Serranoche” fue un caracterizado expreso que unía Retiro con Córdoba en horario nocturno. Solo tenía parada en Villa María y Rosario. Esto le imprimía velocidad, a punto tal que también llegaron a denominarlo “El Rayo”.AdsDos de sus coches saltaron de las vías; el último de ellos rodó fuera del terraplén y cayó de costado a más de cien metros, dejando un saldo trágico: cinco personas muertas y más de 65 heridos.El estruendo fue impresionante, declararon testigos de entonces: “Fue como un latigazo seco”, seguido por los gritos desesperados que emergían desde el interior del vagón volcado, que en los últimos metros de su recorrido viboreaba sobre los rieles.AdsLa descripción de los acontecimientos corresponde al diario Crónica, cuyo director, el recordado Héctor Ricardo García, dispuso de inmediato subir a un equipo periodístico a una avioneta para cubrir lo ocurrido.Una imagen aérea del diario Crónica sobre el último vagón del tren “Serranoche”.Vecinos de la zona fueron los primeros en llegar. Algunos, aún sin comprender del todo lo ocurrido, comenzaron a asistir a los heridos con lo poco que tenían a mano: “Sábanas cortadas para contener hemorragias, brazos solidarios para sostener cuerpos maltrechos, palabras de aliento en medio del caos”.Las ambulancias resultaron insuficientes. Personas gravemente heridas fueron tendidas sobre el pasto, a un costado de las vías. AdsEn un momento dramático del rescate, bomberos y enfermeros debieron cavar un túnel debajo de uno de los vagones para liberar a una mujer de edad avanzada atrapada entre los hierros retorcidos. Esta tarea demandó más de quince minutos. La víctima había perdido el conocimiento y presentaba fracturas expuestas en ambos brazos.Alertadas las autoridades, comenzaron a llegar refuerzos sanitarios y policiales desde San Pedro, Baradero y Zárate. Ferrocarriles Argentinos informó oficialmente que dispuso de inmediato un tren de auxilio desde Rosario para que el “Serranoche” continúe viaje hacia la Capital Federal. La empresa se hizo cargo de la atención de los pasajeros afectados y del traslado de heridos y fallecidos, mientras sus máximas autoridades se constituyeron en el lugar del siniestro.En San Pedro, la ciudad se convirtió en foco de la tragedia. El Hospital colapsó y esto hizo que se derivarán pasajeros a las clínicas. Médicos, enfermeros y personal sanitario trabajaron sin descanso, pese a la escasez de recursos y a que era día domingo.Veintiséis heridos fueron internados en la Clínica Pellegrini, tres en la Clínica Belgrano y veintiuno en el Hospital Municipal. Otros fueron derivados a Baradero y a Buenos Aires.El joven doctor Edgardo Beltrame, con seis años de servicio en el hospital local, no ocultó su conmoción: “Nunca vimos algo así. Uno se acostumbra al dolor, pero lo de hoy tocó fibras muy profundas. Hubo un momento en que no dábamos abasto”. A pocos metros, el cirujano Oscar López Cajigal relataba una intervención de urgencia: “Está muy grave. Si no mejora, habrá que trasladarla a Buenos Aires”.Algunas páginas que el diario Crónica le dedicó a la tragedia en diferentes ediciones. Foto: Archivo Ferroviario.Mientras tanto, familiares de los pasajeros llegaban desde Capital Federal en una interminable caravana de más de cien automóviles. Recorrían hospitales, preguntaban nombres, buscaban rostros conocidos. Algunos se reencontraron en abrazos interminables. Otros debieron enfrentarse con la noticia más cruel.No todo fue solidaridad. Testigos denunciaron que, entre los primeros momentos posteriores al descarrilamiento, “individuos ajenos al auxilio se mezclaron con los rescatistas para robar pertenencias de las víctimas”. Fueron pocos, pero su accionar ensució escenas de profundo acto humanitario, donde salvar vidas fue la prioridad.El concesionario de la antigua estación de servicio del Automóvil Club Argentino, sito sobre la ahora exruta 9, puso a disposición su infraestructura, como elementos técnicos, movilidad y especialmente el teléfono.Paralelamente, la policía de San Pedro dispuso la detención del personal ferroviario a cargo del convoy, mientras se instruyó la causa judicial.Vecinos de la zona aseguraron que el tren circulaba a una velocidad excesiva, versión que quedaba sujeta a las pericias de turno. Hubo pasajeros que se atrevieron a señalar que el convoy circulaba a 150 km/h, y que habían advertido de la situación a un guarda, que finalmente resultó golpeado por algunos por no haber atendido sus reclamos.Cuando pasadas las once de la mañana el tránsito ferroviario fue restablecido, el drama continuaba puertas adentro de los hospitales. En el lugar del accidente, los rieles retorcidos y un vagón destrozado daban cuenta de la violencia del impacto. Lo estremecedor fueron las personas fallecidas, marcando uno de los capítulos salientes de la historia de las catástrofes ferroviarias.La tragedia del “Serranoche” quedó grabada, no sólo en los registros oficiales, sino también en la memoria colectiva de una comunidad que, entre el horror y el dolor, demostró que la solidaridad puede surgir incluso en los momentos más oscuros. Ese día, el pueblo talense y los sampedrinos mostraron una faceta elogiable.Puede interesarte

Río Tala: a 54 años del descarrilamiento del “Serranoche”, que dejó cinco muertos y más de 60 heridos | FM Avenida
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