Más allá de los videos virales y las imágenes que circulan en redes sociales, detrás de los términos therian y furry existen comunidades con definiciones y prácticas muy distintas.En Argentina, estos fenómenos empezaron a ganar visibilidad en plazas, reuniones y redes sociales, especialmente entre adolescentes. La diferencia entre los dos se basa en distinguir identidad personal y expresión artística.Un therian es una persona que afirma tener una identificación interna e integral con un animal no humano.Para quienes integran esta comunidad, no se trata de un juego ni de un disfraz. Describen su experiencia como una identidad involuntaria que puede vivirse en un plano espiritual, psicológico o neurológico.El animal con el que se identifican se denomina teriotipo. Los más frecuentes son lobos y felinos, aunque también hay quienes mencionan aves, reptiles u otras especies.Los therians aclaran que son conscientes de su cuerpo humano y no experimentan alucinaciones físicas. La identidad animal es interna según ellos.La cultura furry es un fenómeno cultural centrado en el interés por animales antropomórficos: personajes con rasgos humanos como hablar, caminar en dos patas o vestirse.A diferencia de los therians, los furrys no creen ser animales. Su vínculo es creativo, artístico y social. Se trata de un fandom.Cada participante suele crear una fursona (fusión de “furry” y “persona”), un avatar que lo representa dentro de la comunidad. Esa identidad puede expresarse a través de ilustraciones, animaciones, cómics o el uso de fursuits, trajes completos utilizados en convenciones y encuentros.La comunidad furry cuenta con una estructura organizada de eventos. Un ejemplo destacado es la Argentina Fur Fiesta (ARFF), una convención anual en la Ciudad de Buenos Aires que en ediciones recientes ha reunido a muchos artistas y aficionados.La diferencia central entre ambos fenómenos está en la voluntariedad y en la percepción del “ser”.Mientras un furry puede usar un traje para hacer roleplay (interpretar un personaje), un therian puede utilizar accesorios, como colas o máscaras, para expresar su identidad, aunque no necesita un disfraz completo.En los últimos meses se multiplicaron los encuentros abiertos en distintos puntos del país. En San Juan, por ejemplo, se organizaron reuniones en el Parque Latinoamericano de Albardón con el objetivo de socializar y explicar estas identidades.El crecimiento en redes sociales impulsó la visibilidad del fenómeno, especialmente entre jovenes. Con esta expansión también surgieron debates sobre salud mental, límites sociales y comprensión intergeneracional.Desde las propias comunidades insisten en la necesidad de diferenciar conceptos y evitar estigmatizaciones: no se trata de una “tribu urbana”, sino de distintas experiencias que comparten una misma idea, relacionarse con un animal, aunque desde perspectivas muy distintas.

Therians y Furrys: cuáles son las diferencias y cómo se identifican | FM Avenida
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