El hostigamiento no da tregua y la violencia escala con cada noche que pasa. En la esquina de Manuel Iglesias y Fray Cayetano José Rodríguez, una familia vive bajo amenaza constante, atrapada en una situación que, lejos de resolverse, se agrava con el correr de los días.
El nuevo episodio tuvo como víctima a un adolescente de 13 años, nieto de Isabel, la mujer que desde hace tiempo viene denunciando los ataques. Según su relato, el menor fue interceptado por uno de los agresores (el de siempre), quien le robó el celular y lo golpeó brutalmente con un revólver. El “cañazo” le provocó dos profundas heridas en la cabeza, que demandaron cuatro y dos puntos de sutura en cada corte, y lo dejaron inconsciente durante dos horas. Fue asistido en la guardia del hospital, pero la denuncia no trajo respuestas.
“Todas las noches nos tiran y la policía no hace nada. Ya no podemos ni abrir el local de comidas”, describió Isabel, con la voz atravesada por el cansancio y el miedo.
La madrugada del martes volvió a marcar otro punto crítico. Esta vez, los disparos provinieron de una escopeta y algunos perdigones impactaron directamente en la vivienda. En medio del caos, el mismo adolescente salió a la calle preocupado por unos caballos que estaban en la esquina. Fue entonces cuando otro disparo lo alcanzó: algunos perdigones impactaron en sus piernas y uno de ellos quedó alojado en la pantorrilla, lo que obligó a una intervención médica para extraer el plomo.
El terror cotidiano ya condiciona la vida de toda la familia. El hijo de Isabel no puede abrir su negocio por temor, y ella debió dejar su trabajo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para regresar y acompañar a los suyos. “Hice bajar cuatro veces un patrullero en una sola noche. Es imposible seguir así”, lamentó.
Días atrás, uno de sus hijos, de 16 años, también fue blanco de un ataque. Mientras se encontraba en la vía pública junto a su sobrino de 13 años (la nueva víctima), en la misma zona, escuchó una detonación y sintió un ardor en el pecho. El disparo rozó su pectoral izquierdo y le provocó una herida cerca de la axila izquierda. Aun así, logró identificar a los presuntos agresores: dos jóvenes del barrio con quienes mantienen un conflicto de larga data.
El adolescente fue asistido en el hospital, donde constataron una lesión de aproximadamente cuatro centímetros producto del roce del proyectil. Un episodio más en una cadena de hechos que parece no tener fin.
Entre denuncias que no alcanzan y la Justicia que no resuelve, la familia sobrevive en un clima de miedo permanente, esperando una respuesta que, hasta ahora, no aparece.
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