El 21 de marzo de 1984, en plena Guerra Fría, el portaaviones estadounidense USS Kitty Hawk protagonizó un accidente inesperado en el mar de Japón. Mientras navegaba durante un ejercicio militar, la enorme embarcación de 80.000 toneladas chocó contra un submarino nuclear soviético que llevaba varios días siguiendo sus movimientos.El incidente ocurrió a las 22.07, aproximadamente a 150 millas de Pohang, Corea del Sur. El portaaviones avanzaba a unos 15 nudos, equivalentes a casi 28 kilómetros por hora, cuando impactó contra el K-314, un submarino de ataque nuclear de la clase Victor I, que había perdido contacto con la formación estadounidense.La colisión sacudió violentamente al USS Kitty Hawk. Su comandante, David N. Rogers, y un vigía observaron cómo la silueta del submarino desaparecía en la oscuridad. Aunque ninguna de las tripulaciones sufrió heridas, el accidente dejó daños importantes y expuso las dificultades para detectar amenazas submarinas, incluso dentro de una formación naval protegida.El USS Kitty Hawk participaba en el ejercicio militar Team Spirit 84-1, desarrollado junto con fuerzas de Corea del Sur. Como buque insignia del grupo de combate Bravo, estaba acompañado por destructores, cruceros, fragatas y aeronaves especializadas en operaciones antisubmarinas.El submarino K-314, de aproximadamente 5.200 toneladas, había localizado al grupo estadounidense el 14 de marzo y lo siguió durante una semana. Sin embargo, las condiciones meteorológicas y las maniobras navales dificultaron el seguimiento. El submarino perdió la posición exacta del portaaviones y su comandante decidió acercarse a la profundidad de periscopio para recuperar el contacto visual.Cuando el comandante soviético observó a los buques estadounidenses, estos se encontraban demasiado cerca. Ordenó una inmersión de emergencia, pero no consiguió evitar el impacto. El submarino recibió dos golpes que dañaron su estructura exterior, un estabilizador y parte del sistema de propulsión. A pesar de la colisión, el USS Kitty Hawk conservó su capacidad de navegación y continuó operando. Posteriormente llegó a la base naval de Subic Bay, en Filipinas, donde una inspección permitió descubrir un detalle sorprendente: parte de una pala de la hélice soviética y fragmentos del revestimiento anecoico del submarino habían quedado adheridos a su casco.Estos materiales tenían especial interés militar porque el revestimiento anecoico estaba diseñado para reducir la firma acústica del submarino y dificultar su detección mediante sonar. Su recuperación ofreció a los especialistas estadounidenses una oportunidad inesperada de examinar componentes utilizados por la Armada soviética.El submarino K-314 sufrió consecuencias más graves. Perdió capacidad de propulsión y necesitó asistencia para regresar a territorio soviético. Finalmente fue remolcado hasta la bahía de Chazhma, cerca de Vladivostok, donde permaneció en reparaciones durante varios meses. No se registraron daños en el reactor nuclear ni liberaciones radiactivas.Pese a las tensiones entre Washington y Moscú, ninguno de los gobiernos interpretó el episodio como un ataque deliberado. El submarino regresó al servicio y el USS Kitty Hawk continuó su trayectoria operativa hasta 2009. Más de cuatro décadas después, el accidente sigue siendo un ejemplo de los riesgos de las maniobras de vigilancia submarina y de las limitaciones de los sistemas de detección naval durante la Guerra Fría.

En 1984, el portaaviones USS Kitty Hawk, de 80.000 toneladas, colisionó con un submarino nuclear ruso que se desplazaba a 15 nudos: partes del submarino quedaron adheridas al casco del portaaviones | FM Avenida
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