Si al Olimpo solo llegan los mejores, Michael Phelps se convirtió en Cronos, el padre de todos los grandes deportistas de su generación. Nacido en Baltimore en 1985, Phelps fue durante más de 15 años una marea imposible de contener en cualquier piscina en la que competía. Más allá de la incontable colección de medallas que acarreó entre el 2000 y el 2016, el nadador estadounidense se ha convertido en un icono de valores como el esfuerzo, la disciplina y la hiperexigencia. Unos niveles de presión que han afectado profundamente su salud mental y cuyo cuidado —además del de su familia— ahora pone por encima de cualquier título.Su palmarés es difícil de resumir sin recurrir a cifras que parecen irreales. Ganó 23 medallas de oro olímpicas y un total de 28 metales entre Atenas 2004, Pekín 2008, Londres 2012 y Río 2016. En Pekín firmó su obra maestra con ocho oros en unos mismos Juegos, superando el récord de Mark Spitz. Rompió récords mundiales, encadenó finales históricas y protagonizó duelos memorables como el que mantuvo con Ryan Lochte en el 400 estilos. Durante años fue el hombre al que todos querían ganar y casi nadie pudo.Hoy Phelps tiene 41 años y su mirada hacia el deporte ha dado un giro de 180 grados. Padre de cuatro hijos y retirado de la alta competición, reflexiona sobre su carrera y su vida en una reciente entrevista en el pódcast de la plataforma Whoop. ”Yo me miraba al espejo y veía a un asesino con gafas y un gorro, un atleta que mataría por el oro; ahora sé quién soy de verdad y me gusto mucho más”, ha asegurado con tono y aspecto mucho más relajados que durante su etapa profesional.La salud mental ocupa un espacio central en su discurso. “Soy alguien que lidia y lucha con depresión y ansiedad. Hay días en los que no quiero levantarme; a veces noto como si la habitación se fuera comprimiendo hacia mi”, revela. El tiburón norteamericano ha explicado que la exigencia del deporte le llevó a una completa despersonalización. “No me permítia sentir emociones, llegué a mirar a la muerte a los ojos, cada día que no compartimento lo que siento y puedo hablar de mis luchas es una victoria”, ha relatado.En plena madurez adulta y siendo un hombre muy familiar, para Phelps sus hijos son su mayor logro. El estadounidense cuenta que disfruta viéndolos crecer y competir en sus propios deportes. Le gusta transmitirles herramientas que él aprendió durante su carrera y repite que quiere que sean felices antes que campeones. “Lo mejor es que los cuatro son muy diferentes entre sí y aprendo cosas nuevas cada día”, ha explicado.Sobre vincular a sus hijos con la natación, Phelps es muy tajante. “Tengo 4 hijos y no quiero que naden, no quiero que vivan lo que yo pasé durante más de 20 años con el equipo de Estados Unidos, no se lo deseo a nadie”, asegura. Aun así, matiza que solo aceptaría “si se lo pidiesen” y bajo la tutela de un entrenador de su confianza.Su experiencia en el equipo de USA Swimming marca esta postura tan rígida, una relación distante con la entidad que mantiene ahora, a pesar de estar retirada. “Durante años intenté impulsar cambios, pero me cerraban la puerta en la cara, un entrenador me llegó a decir que no tenía ni idea de nada. No quiero saber cómo trataba a los ‘nadadores normales’”, revela. Lejos de la piscina, Phelps denuncia falta de transparencia y de liderazgo y asegura que para el futuro de la entidad y la salud de los atletas hacen falta cambios integrales.

Michael Phelps, 41 años: “Tengo 4 hijos y no quiero que naden, no quiero que vivan lo que yo pasé durante más de 20 años, no se lo deseo a nadie” | FM Avenida
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