Hay una pregunta recurrente en estos tiempos y espacios: ¿es posible la convivencia y la colaboración mutua entre la creatividad humana y la maquínica? Un aspecto interesante en este escenario es el relativo a las investigaciones sobre diferentes entrelazamientos entre las esferas humana y tecnológica. Más que pensar el asunto en términos de tensiones entre ambas creatividades que podrían derivar, eventualmente, en el arrasamiento de la imaginación humana, en el mejor de los casos podría ser una oportunidad para seguir expandiendo prácticas cocreativas.Esto no es nuevo: hay un ejemplo de la historia del arte tecnológico muy interesante: el de Michael Noll, ingeniero y artista (EE.UU.), pionero en la historia del arte por computadora. Me refiero en particular a su experiencia de 1964, cuando, a partir de una obra de Piet Mondrian desplegó este proyecto precursor de los cruces entre arte e IA.Noll reproduce dos imágenes juntas: una de ellas es “Composición con líneas”, pintura abstracta de Mondrian, de 1917. La otra es una versión de la misma obra hecha por una computadora.En la obra de Mondrian, diferentes líneas se intersectan de forma vertical y horizontal, delineando una figura circular. Por su parte, la imagen computarizada recrea la obra pictórica a través de números pseudoaleatorios con propiedades estadísticas. El objetivo era ver qué ocurría si la máquina lograba copiar esa obra de Mondrian, en qué medida podía llegar a parecerse a la pieza original y cómo ambas imágenes serían observadas por el público.Cuando se exhibieron las reproducciones en blanco y negro de las dos imágenes a 100 participantes, 59 personas prefirieron la imagen generada por computadora y solamente 28 de ellas identificaron correctamente a la pintura de Mondrian. A la mayoría le resultó más atractiva la obra producida por computadora. Según las investigaciones de Noll, como la obra por computadora resultó ser un poco menos estática que la pintura original, muchos de los observadores eligieron esa imagen porque asociaron el dinamismo con la creatividad humana. De allí que se encontraran más perdidos al tener que distinguir cuál era la obra realizada por un humano y cuál la producida por la máquina.Comparto este ejemplo porque en los últimos años han surgido obras y proyectos que parecen radicalmente novedosos cuando también existen antecedentes muy significativos en la historia del arte que suelen ser menos conocidos que otros.Una de las cuestiones más interesantes que surgen a partir de las transformaciones experimentadas por el campo artístico es pensar de qué modos estas tecnologías, como ha sucedido en otros momentos de la historia, pueden enriquecer e impulsar modificaciones en las capacidades creativas humanas y, al mismo tiempo, de qué formas una y otra se transforman mutuamente.Toda esa zona de relaciones cocreativas entraña un terreno fértil para seguir complejizando los vínculos humano/máquina que nunca son lineales o unidireccionales, y la tecnología jamás es neutral. Cuando no caemos en posturas dicotómicas que se reduzcan a tecnofobias y tecnofetichismos, se abren espacios intermedios más ricos para la reflexión.Historiadora del arte, doctora en Teoría Comparada de las Artes (UNTREF) e investigadora de Conicet.

Mondrian contra la Inteligencia Artificial: un duelo artístico que empezó hace 60 años | FM Avenida
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