En una discusión, es posible explicar, enseñar y aportar argumentos, siempre y cuando la otra persona, al menos, nos escuche. Pero puede resultar imposible hacerlo si el otro ha decidido taparse los oídos, encerrarse en sus propias ideas, incluso cuando los hechos contradicen sus convicciones.Algo de esto le ocurre a un personaje del dramaturgo alemán Friedrich Schiller (1759-1805). En su obra La doncella de Orleans (1801), dedicada a Juana de Arco, Talbot, un comandante inglés que enfrenta una derrota, se lamenta de haber sido vencido por algo que considera absurdo e irracional. Entonces, pronuncia la frase: “Contra la estupidez, los mismos dioses luchan en vano”.A pesar de su contenido, la frase no debe ser entendida, solamente, como un insulto hacia las personas poco inteligentes. Su significado es más interesante, porque apunta hacia la incapacidad de la razón para imponerse cuando la irracionalidad, el prejuicio o la obstinación dominan una situación.La frase aparecería con más fuerza en el libro de Isaac Asimov (1920-1992), Los propios dioses (1972). Allí es el eje de la historia y sus tres partes forman la frase completa: “Contra la estupidez”, “los propios dioses” y “luchan en vano”. Por supuesto, no es una coincidencia.El gran autor de ciencia ficción construyó deliberadamente su novela alrededor de aquella reflexión de Talbot. De hecho, incluye la referencia a Schiller y convierte la frase en una especie de advertencia sobre las consecuencias de confundir conocimiento con certeza.En este caso, Los propios dioses es, en buena medida, una historia sobre los límites de la inteligencia humana. Una reseña de The Guardian detalla el intento de uno de sus personajes, Lamont, un científico egocéntrico, de desacreditar a Hallam, un ególatra aún más maniático, quien afirma haber encontrado la solución a todos los problemas energéticos.Lamont quiere demostrar que la nueva fuente de energía de Hallam, en realidad, destruirá la Tierra. Pero, aunque despotrica una y otra vez, nadie le cree. El personaje dice: “Nadie en la Tierra vivirá para saber que tenía razón”.La conexión entre Schiller y Asimov plantea que alguien puede ser extremadamente inteligente y, al mismo tiempo, tomar decisiones irracionales. El conocimiento no garantiza la prudencia. La capacidad de resolver problemas tampoco asegura que sepamos reconocer cuándo estamos equivocados.En Los propios dioses, Asimov explora precisamente ese conflicto entre inteligencia, intereses y capacidad para aceptar una verdad incómoda. La ciencia puede proporcionar datos, pero los seres humanos interpretan esos datos desde sus propios intereses, prejuicios y ambiciones. Y ahí la frase de Schiller sigue funcionando perfectamente.También si consideramos que puede resultar estúpido considerarnos superiores a los demás al rechazar algo evidente solo porque contradice lo que queremos creer (sesgo de confirmación, cada vez más extendido) o confundir tener información con comprender algo realmente.En suma, la ignorancia puede combatirse con conocimiento, pero contra la estupidez voluntaria ni siquiera los propios dioses parecen tener demasiadas posibilidades.

Qué significa el proverbio alemán: “Contra la estupidez, los mismos dioses luchan en vano” | FM Avenida
Comparte este artículo
No hay comentarios


