No hay edad para ser un experimentador científico. Así lo corrobora Jo Nagai, un japonés de apenas 10 años, quien experimentó con orugas y llegó a un profundo resultado una vez que estas se convirtieron en mariposas, con una conclusión sobre la metamorfosis y la memoria celular.La TV japonesa destacó sobre la reunión anual de la Sociedad Ecológica de Japón la historia del originario de Kobe y cómo intercambió mensajes con la entomóloga Martha Weiss, de la Universidad de Georgetown, sobre sus experimentos.El joven criaba mariposas de cola de golondrina en su casa y le surgió una pregunta cuando observó muchas después de liberarlas permanecían cerca de él, o que regresaban antes de alejarse. ¿Podrían tener estas recuerdos tras pasar de una oruga a una mariposa luego de la metamorfosis?Su curiosidad se convirtió en un proyecto científico. Allí se adentró en una investigación publicada en 2008 de Weiss junto a un estudiante de posgrado, en el que demostraba que las polillas adultas podían conservar recuerdos adquiridos durante su etapa larval.El niño le escribió a la científica y tuvieron un largo ida y vuelta en el que analizaron ideas, revisaron procedimientos y discutieron los avances de su proyecto.Así comenzó a entrenar a sus orugas (del tipo mariposa cola de golondrina asiática, conocidas científicamente como “Papilio xuthus”) para comprobar sus premisas. Asoció el olor a lavanda con una sensación desagradable, una pequeña descarga eléctrica, a los insectos.Luego, en su etapa adulta, siete de cada diez mariposas terminaron evitando ese mismo olor. El recuerdo de una lección podría haber sobrevivido a la metamorfosis, lo que termina siendo un completo descubrimiento, ya que la idea anterior siempre fue que dentro de la crisálida las orugas se “reseteaban” por completo.Nagai presentó el proyecto en el 2024, durante una sesión de pósteres estudiantiles en el Congreso Internacional de Entomología en Kioto, y tuvo repercusión mundial. Antes, había llevado su investigación a especialistas de las universidades japonesas de Shinshu, Tsukuba y Saga.Según observó, las mariposas no solamente conservaban recuerdos adquiridos durante la etapa de oruga, sino que esas experiencias también parecían heredarse a sus descendientes. Es decir que se sugiere que las siguientes generaciones “heredaron” el miedo al olor sin haber recibido la descarga. Se indica que se trata de una tendencia hereditaria a reaccionar de forma diferente a un olor, en lugar de un recuerdo consciente.Lo que es realmente sorprendente de todo esto es que Weiss dudó en un principio si el chico de 10 años podría reproducir en su casa un experimento diseñado para un laboratorio, como el que ella había realizado. Le había sugerido que busque una alternativa más sencilla a la descarga eléctrica, pero el niño insistió.La científica también confesó que al leer las observaciones de Nagai en un documento de 33 páginas pensó: “Santo cielo, es un científico de verdad y está descubriendo cosas nuevas”.El niño, y la mujer se conocieron personalmente durante un viaje de ella a Japón y mantienen el contacto. Nagai contó que su sueño es convertirse en el primer veterinario de insectos del mundo.

Tenía 10 años y entrenó orugas para evitar un olor: lo que ocurrió cuando se convirtieron en mariposas sorprendió a los científicos | FM Avenida
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