Si la mitología ricotera suele consagrar al disco Oktubre, una obra a cumplir cuatro décadas hacia fin de año, como la cumbre creativa y simbólica de su carrera, no hay que negarle a su sucesor (Un baión para el ojo idiota, publicado en abril de 1988) el mérito de ser aquel que acelera su despegue del under y determina la bola de fuego que los depositaría directamente en Obras un año más tarde.Confiado, acelerado y afilado, suena al fruto jugoso de una banda que estaba terminando de aceitarse con shows semanales en el Teatro Bambalinas, Cemento, el Estadio Atenas de La Plata y diversos boliches de una magnitud de media para arriba. Nunca hasta entonces habían tenido tantas presentaciones y Skay Beilinson desdoblaba su rol de único guitarrista que hasta hacía unos meses había compartido con Tito Fargo. Y el Indio Solari estaba cada vez más afianzado como frontman.Dentro de la escena que los contenía, el luto inherente tenía que ver con el fallecimiento de Luca Prodan en diciembre de 1987. El líder de Sumo era una fuerza familiar para Los Redondos: había participado de un par de shows de la banda como invitado y supo grabar con los suyos Mejor no hablar de ciertas cosas -tema original del Indio Solari- en Divididos por la felicidad (1985), el debut del grupo capitaneado por el italiano.En una nota realizada por la periodista Gloria Guerrero en la revista Humor en aquel año, Solari no escondía el dolor: “Apuesto a un lugar donde la socialización es posible, porque a mí la simple recreación de modas, por más que me provoque una diversidad que agradezco, no me provoca nada más. Ojalá me estuviera pasando escuchar buenos grupos argentinos y me cago en el hijo de puta de Luca que se murió”.En varias entrevistas, el Indio se refería a las formas del poderío musical de entonces como “un sonido bien trapero”. El adjetivo, un españolismo que poco tiene que ver con el estilo musical que hoy Duki, Trueno y Cazzu sostienen con una popularidad asombrosa, hace referencia a una crudeza e intensidad que repetirían en el próximo Bang Bang estás liquidado (1989).Lo real es que Un baión… suena todavía hoy como una ráfaga rockera que no da tregua. Un rosario de clásicos inspirados, zumbones y alertas que, como entonces, siguen detectando las zonas francas del oyente para reactivar la autoestima o precipitar el cachetazo a tiempo. Vencedores vencidos podría ser “el” tema definitivo de los obreros psíquicos de Patricio Rey, ergo, Los Redonditos de Ricota: por letra, transferencia y electricidad. Igual que Todo un palo, el funky neo-stone que cierra el álbum.En el medio, transitan la furia lúcida de Todo preso es político, el meta-rock de Vamos las bandas, la ironía mediática de Noticias de ayer, la imaginería de cómic de Masacre en el Puticlub, la broma psicobolche de Aquella solitaria vaca cubana y el eros descontrolado de Ella debe estar tan linda.Muchos años después, en una entrevista con Clarín, el creador del mundo visual de Los Redondos, Rocambole, ensayaría una explicación de su portada. “Son referencias al título: estaba el televisor pero no se me ocurría una imagen de la idiotez. Hasta que un día encontré una instalación hecha por mi hija: era un muñeco con collares, antifaz, chupete. Después le agregué el perro, que es una constante de la literatura solariana. El grupo se hizo más popular y mis obras empezaron a reproducirse: prefiero que estén en la calle que en un museo. A mí siempre me interesó más el arte de las historietas que el de las muestras a las que va un montón de gente a tomar vino y charlar”.Ahora, luego de las exitosas reediciones vinílicas del debut (Gulp!, 1985) y Oktubre (1986), acontecidas a principios de 2025, una partida de 4 mil copias de su tercer álbum comenzará a venderse desde este jueves 16 de abril en la cadena de casas de música/disquerías LEF, con sucursales en Villa Urquiza, Villa del Parque, Adrogué y Tortuguitas. La obra, no reeditada en este formato desde su lanzamiento original, es parte de un cuidadoso recupero -gráfico y sonoro- del material original que ha sido consensuado por las dos partes del triunvirato original del grupo: el Indio Solari por un lado y Skay Beilinson y la Negra Poli por el otro.Según trascendió, el asunto lo llevan de muy buenos modos Virginia -la pareja de Solari desde los ‘80- y Poli, la media naranja de Skay desde 1970, además de histórica manager de Los Redondos. Así que aunque por distintas razones de tiempo, voluntades, espacio y salud el cantito de los seguidores (“Sólo les pido que se vuelvan a juntar”) conserva cotas imposibles de realización, al menos sí pueden ilusionarse y pedir que a sus discos los vuelvan a editar.

Los Redondos no se juntan, pero se ponen de acuerdo para ser reeditados en vinilo: a Gulp! y Oktubre ahora se les suma Un baión para el ojo idiota | FM Avenida
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